viernes, 29 de agosto de 2014

De mujereos y prejuicios tontos (no hay peor discriminador que el propio gay)


Hace más o menos dos semanas un compañero de trabajo me comentó algo que me hizo mucha gracia.
Mientras estaba tomándose un jugo no me acuerdo dónde, le llamó la atención tres amigos que metían mucho más ruido que el resto y dos de ellos de seguro eran gays porque eran del tipo “locas escandalosas”, esas que salieron del closet hace poco y que quieren dejar su marca por dónde se les ocurra pasar, bueno el asunto fue que el tercero era el más “machito”, y obviamente avergonzado por el “colorido” comportamiento del dueto, le dijo:
-         Por favor, pueden meter menos bulla, ubíquense.
-     Uuuyyy!!!, hueón ¿de que te preocupai?, relájate traumao. Dijeron casi al mismo tiempo los dos gays, pero al parecer aquel más correcto no se dio por vencido, y arremetió con otro llamado de atención al ver que los otros seguían con su mariconeo duro y parejo.
-    Oye ya poh, cállense un rato, si no es necesario gritar tanto, ¿Cómo no se dan cuenta?.
-   Uuuyyy!!!, eeeeellaaaaa deja de hueviarnos hueón, ¿Cómo tan traumá?, si voh también soy cola poh.
-         ¿Perdón?, yo soy hetero.
-         Uuuyyy!!! eeeellaaaa, la hetero, jajajajjajaja.

Mi compañero me dijo que no podía tomarse el jugo tranquilo porque se aguantaba la risa en el momento justo cuando los dos gays hueviaban al otro, y no pudo más y se lo tomó de un trago y se fue cagado de la risa, y esto me hace recordar cierta persona que conocí hace muchos años atrás que también era más demostrativo que el resto y que nos hacía cagarnos de la risa con sus mujereos, algunos hasta me han dicho en algún momento: “oye y los amiguitos que te gastai”, y la verdad es que no entiendo el comentario porque no existe mayor discriminador y prejuicioso que el mismo gay que se queja que lo discriminaron aquí y en la cabrada del aji, y yo le pregunto: ¿con que cara me preguntas eso? la verdad es que ya no somos amigos desde hace ya muchos años, pero nos conocíamos del colegio y si bien a el no se le notaba a simple vista, solo le gustaba mujerear más que el resto, me molestaba eso si cuando se ponía a hueviar cuando no debía y varias veces hasta le tuve que pegar para ver si se le pasaba pero era incontrolable, siempre lo terminaban echando de la sala de clases y se asomaba por la ventana y me gritaba que hiciera algo para que también me echaran de la sala porque afuera estaba aburrido y yo el pelotas lo hacia y afuera nos quedábamos puro hueviando, nos alegraba el día con sus locuras, y no hay nada que me agrade más en la vida que me hagan reír, además que con otra amiga éramos el trío dinámico, yo tendría como diecinueve años más o menos y puta que lo pasamos bien mientras la amistad duró, íbamos de aquí para allá al carrete que se nos invitaba ahí estábamos, desde fiestas punks, pop, metaleras, etc. Todo lamentablemente se comenzó a complicar cuando un día el me confesó que se había enamorado de mi, y desde ahí el asunto comenzó a menguar, porque yo un chico que aún ni cumplía veinte, que no había salido del closet, temeroso de muchas cosas y temas sólo recuerdo que le comenté que lo quería como amigo, pero desde ese momento el cambió por completo su actitud conmigo, y eso desembocó en el alejamiento y que nuestras vidas, incluida nuestra amiga nunca más se volvieran a cruzar, lo he visto ahora en algunas oportunidades pero no me agrada la vida que decidió llevar, lo respeto pero así son las cosas, y es que rescato un mensaje que quizás puede estar muy manoseado pero nunca dejará de tener sentido para mi: “los amigos van y vienen, pero la familia siempre está ahí”.

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