La
vida es como aquellos programas de concursos, nunca sabrás si al otro lado de
la puerta está nuestra preciada recompensa, nuestro anhelado regalo, y las
luces nos confunden, nos encandilan.
El
camino que recorremos no sería tal si no nos desviáramos de él, el camino que
recorremos no sería tal si no eligiéramos el incorrecto, “Errare Humanum Est”;
porque en esta vida sin errar no puede haber recompensa, si no erráramos no
tendríamos nada que aprender, si no erráramos no podríamos pasar a la siguiente
fase, si no erráramos sería imposible el encuentro interno con nosotros mismos,
¿Cómo podríamos justificar el hecho de levantarnos sin antes reconocer el
tropiezo?, lo que nos hizo caer, eventualmente, nos hará entender el por qué
nos volvemos a levantar sin importar el tiempo que nos tome el darnos cuenta,
el momento llegará como un resplandor fulminante en el momento justo, porque
hay cosas en la vida que confluyen por sí solas, y siempre tienen un objetivo a
consecuencia de los que a simple vista no podemos ver, o que aún no se nos
permite ver.
Creemos tener el control de nuestras vidas, pero cuando la misma
vida nos llama, las pruebas comienzan a sucederse una tras otra, y nos sentimos
tristes ante la involuntaria invalidez porque nada podemos hacer al respecto, y
no queda más que aceptar lo que vivimos día tras día, pero esto no es más que
el principio del cambio, un cambio necesario que nos prepara para que podamos
cumplir con lo que estamos destinados, y
aquella puerta hipotética está ahora frente a nosotros, parece abrirse poco a
poco como casi por arte de magia, y yo te pregunto: ¿estás preparado ahora para
recibir tu regalo?.
Mi regalo eres tu!��
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