sábado, 27 de septiembre de 2014

Encuentros



Aquella tibia tarde de verano anunciaba el término de un arduo día de trabajo en la constructora, y Pedro ya se encontraba en los duchas, esta vez se encontraba completamente solo, al parecer el había terminado de maniobrar la retroexcavadora antes de tiempo como se lo había propuesto para poder así marcharse más temprano. Con movimientos casi mecánicos Pedro se quitó su polera blanca XL casi empapada en sudor, luego siguió con sus gastados jeans y sus boxers ajustados que acentuaban una parte importante de toda su robusta anatomía, así completamente desnudo se observó por un momento en una espejo de cuerpo entero, puso particular atención a sus piernas y es que no pudo evitar pensar en que quizás había algo que no le podía gustar de su propio cuerpo, pero que este no era el caso, afortunadamente Pedro estaba conforme con todo lo que veía, fijó su mirada en sus gruesos y musculosos muslos, en su sensual sexo hasta ahora inmóvil, su imponente tórax, sus brazos fuertes y varoniles, y llegó hasta su rostro recio cubierto por una gruesa barba que fácilmente se mimetizaba con el vello moreno y abundante que parecía invadir todo su pecho y el resto de todo su cuerpo, excepto su espalda, todo lo demás era un constante recordatorio de la teoría de que el hombre posiblemente podría venir del mono, de soslayo apareció una leve sonrisa mientras se divertía con esta última idea y terminó su recorrido observando sus gruesas y bien formadas cejas que le daban sin lugar a dudas personalidad y una mirada masculinamente intensa que no pasaba inadvertida sobretodo cuando caminaba por la calle y una que otra mujer lo miraba suspicaz, pero el se había dado cuenta que lo miraban más hombres que mujeres, y esa idea parecía divertirle aún más. Despertando de sus pensamientos giró la llave del agua caliente y esta recorrió sin cautela todo su cuerpo, pronto la blanca espuma lo cubriría todo como una nevazón precipitada, pero repentinamente algo hizo estremecer por completo a Pedro y unos brazos gruesos y robustos aparecieron por detrás y bajo los suyos se cerraron cruzándose entre sí a la altura de su tórax, aún cubierto por la espuma, lo abrazaron fuertemente pero sin violencia y en ese momento sintió otro cuerpo masculino desnudo que se aferraba cada vez más al suyo, Pedro no pudo evitar sentir una repentina excitación y la suavidad agradable y resbaladiza de la espuma acentuaban cada vez más cada sensación, el roce fue seguido por movimientos lentos y constantes haciendo que Pedro notara que el cuerpo de aquel desconocido se estremeciera una y otra vez, mientras la sangre parecía ejercer una presión aún más fuerte contra su sexo que se frotaba como con vida propia entre sus nalgas. Pedro dejó que aquellas manos desconocidas recorrieran cada rincón de su espumoso cuerpo, fue en este momento cuando se dispuso a voltearse para conocer de una vez a aquel hombre que había irrumpido sigiloso como un felino a su inesperado encuentro, pero escucharon un sonido extraño, al parecer no estaban solos, repentinamente a oscuras habían quedado los dos…

No hay comentarios:

Publicar un comentario