Aquella tibia tarde de verano anunciaba el término
de un arduo día de trabajo en la constructora, y Pedro ya se encontraba en los
duchas, esta vez se encontraba completamente solo, al parecer el había
terminado de maniobrar la retroexcavadora antes de tiempo como se lo había
propuesto para poder así marcharse más temprano. Con movimientos casi mecánicos
Pedro se quitó su polera blanca XL casi empapada en sudor, luego siguió con sus
gastados jeans y sus boxers ajustados que acentuaban una parte importante de
toda su robusta anatomía, así completamente desnudo se observó por un momento
en una espejo de cuerpo entero, puso particular atención a sus piernas y es que
no pudo evitar pensar en que quizás había algo que no le podía gustar de su
propio cuerpo, pero que este no era el caso, afortunadamente Pedro estaba
conforme con todo lo que veía, fijó su mirada en sus gruesos y musculosos
muslos, en su sensual sexo hasta ahora inmóvil, su imponente tórax, sus brazos
fuertes y varoniles, y llegó hasta su rostro recio cubierto por una gruesa
barba que fácilmente se mimetizaba con el vello moreno y abundante que parecía invadir
todo su pecho y el resto de todo su cuerpo, excepto su espalda, todo lo demás
era un constante recordatorio de la teoría de que el hombre posiblemente podría
venir del mono, de soslayo apareció una leve sonrisa mientras se divertía con
esta última idea y terminó su recorrido observando sus gruesas y bien formadas
cejas que le daban sin lugar a dudas personalidad y una mirada masculinamente
intensa que no pasaba inadvertida sobretodo cuando caminaba por la calle y una
que otra mujer lo miraba suspicaz, pero el se había dado cuenta que lo miraban
más hombres que mujeres, y esa idea parecía divertirle aún más. Despertando de
sus pensamientos giró la llave del agua caliente y esta recorrió sin cautela
todo su cuerpo, pronto la blanca espuma lo cubriría todo como una nevazón
precipitada, pero repentinamente algo hizo estremecer por completo a Pedro y
unos brazos gruesos y robustos aparecieron por detrás y bajo los suyos se
cerraron cruzándose entre sí a la altura de su tórax, aún cubierto por la
espuma, lo abrazaron fuertemente pero sin violencia y en ese momento sintió
otro cuerpo masculino desnudo que se aferraba cada vez más al suyo, Pedro no
pudo evitar sentir una repentina excitación y la suavidad agradable y
resbaladiza de la espuma acentuaban cada vez más cada sensación, el roce fue
seguido por movimientos lentos y constantes haciendo que Pedro notara que el
cuerpo de aquel desconocido se estremeciera una y otra vez, mientras la sangre
parecía ejercer una presión aún más fuerte contra su sexo que se frotaba como
con vida propia entre sus nalgas. Pedro dejó que aquellas manos desconocidas
recorrieran cada rincón de su espumoso cuerpo, fue en este momento cuando se
dispuso a voltearse para conocer de una vez a aquel hombre que había irrumpido
sigiloso como un felino a su inesperado encuentro, pero escucharon un sonido
extraño, al parecer no estaban solos, repentinamente a oscuras habían quedado
los dos…
No hay comentarios:
Publicar un comentario